Perdidos entre el laberinto de la esencia y la luna se encuentra la fortuna de los amantes.

Eterna espera, extraviada entre sus pasillos, afanadas en encontrarse, nunca para salir siempre para quedarse

Quimeras despistando, la vereda a los labios, del beso perfecto, que rasgue de la soledad que se rebosa en el desierto de lo incierto

Beso que con estoicismo reposa en almohadas de rosas, para dejar de ser estéril con el solo roce de dos bocas.

Así es el laberinto de los romances siempre presente, nunca al alcance de quienes no suelen perseverar tesoro al que llega hasta el final

Final que solo es el principio de lo que no se puede disimular alegría, la esperanza, del amor el despertar…

Gia Amsara